martes, 2 de abril de 2019

Encina indómita (2016)


Orgullosa se yergue la encina sobre el rico y húmedo terreno. Alta y frondosa, busca con su verdeada mirada los rayos del sol.

En su corteza endurecida ya han desaparecido las marcas de la triste y espinosa enredadera que osó, hace un tiempo, robarle la luz: la bella encina, embelesada por el intenso fulgor de una rosa, desvió su mirada del sol y se posó sobre los suaves pétalos que le ofrecía la punzante compañera. Sigilosa y decidida, se retorcía y enredaba sobre su tronco, mientras ésta, cabizbaja su verde cabeza, se distraía con la rosa. La dulce fantasía de la encina quedó interrumpida: el afilado abrazo de la enredadera se clavaba firmemente sobre su tronco, amenazando con llegar a la lozana cabeza de rígidas ramas.

Estaba en su indómita naturaleza amar la luz. Fue así como, olvidando el encarnado brillo de la tramposa rosa, fijó de nuevo la cetrina mirada sobre el sol. Imponente y hermosa luce hoy su robusta figura, bañada imperecederamente por la luz. 



Gamusina

 Dones veu a les dones? (2016)




Empezar (2018)








Ver caer el primer mechón le hizo pensar en aquel tiempo en que su madre, aún joven, le recogía el pelo en una prieta y graciosa trenza. El segundo mechón la transportó a aquella cita en la que él le apartó el pelo de la cara. El tercero trajo a su memoria aquel día en el que le pidió que jamás cortase su larga cabellera. El cuarto le hizo recordar que la falda, al igual que el pelo, también quería que la llevase larga. Estaba a punto de cortar el quinto mechón cuando volvió a sentir en el cuero cabelludo la tensión de aquel tirón cruel que él… y decidió parar. Movida por la fuerza del recuerdo cambió la tijera por la maquinilla. Ésta se abrió paso, implacable, a través de su pelo. Cientos de recuerdos quedaron enredados entre los miles de cabellos que cayeron al suelo, dejando su cabeza aparentemente desnuda y desprotegida. Podía notar la aspereza que prometía un cabello sano y fuerte si pasaba las manos sobre su cabeza. Se había rapado al cero. Justo desde dónde iba a empezar. 

Gamusina


Dones veu a les dones? (2018)




miércoles, 7 de marzo de 2018

Martes





Martes

Adela llegó a casa cansada después de una larga jornada de trabajo limpiando aquellas interminables oficinas. Abrió la puerta y contempló con los ojos como platos la escena que se descubrió ante ella: ni rastro de los platos dónde habían comido los niños ni de la ropa sucia que había dejado preparada para lavar. Extrañada, entró al comedor. Los juguetes, normalmente desparramados sobre el suelo, la miraban apilados desde un rincón de la sala, esperando la llegada de los pequeños. El polvo limpio. Su pijama, aunque algo desgastado, parecía nuevo: lo encontró cuidadosamente doblado bajo la almohada, que reposaba sobre una cama cubierta por inmaculadas sábanas recién puestas. ¡Qué detalle!, pensó Adela, emocionada y con súbitas ganas de que llegase Julio. Dado que estaba sola y los niños estaban en el futbol buscó aquel camisón que encontró al 50% y se lo puso ante el espejo, ensayando miraditas sexys con las que recibir a su marido. Aprovechó y pintó sus labios de rojo, sabía que a él le encantaba. Sonó el timbre. ¡Aquí está!, pensó emocionada. Abrió la puerta. ¡Adela, hija mía! Había ido a por huevos, que he visto que se os habían acabado. He dejado la lavadora puesta, ¿te has dado cuenta? ¿Pero qué haces así vestida? Estamos en enero, ¡te vas a resfriar! Anda, voy a entrar y nos tomamos un chocolate calentito, que también he comprado… Adela, entonces, comprendió. Aún con el camisón, abrazó cariñosamente a su madre. Era Martes, el día en que mamá se ofreció para ayudarles. Lo había olvidado.

Gamusina




Imagen

martes, 27 de junio de 2017

Saber ser la reina de un palacio de invierno


En el primer año de carrera, hace ya 5 años, tuve un profesor de lingüística un tanto excéntrico -o así me lo pareció entonces-. Movida por la -a veces- peligrosa mezcla de curiosidad y aburrimiento, busqué su nombre en la red, y dí con su perfil de Facebook. Aunque lo que encontré ahí no llamó demasiado mi atención, no pude evitar fijarme en unos versos que aparecían en algún lugar de la página, eran los siguientes: Cuidar lo que no importa. Y si todo va mal, si al final todo es duro, como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno. Aunque la poesía no formase entonces parte de mis intereses principales, aquellas palabras me hicieron recordar una verdad ya conocida -y tal vez en ese tiempo, por desgracia, olvidada-. Indagando un poco descubrí que los versos pertenecen a un poema titulado Un Arte de Vida. Años más tarde, y de manera totalmente fortuita, di con un volumen de poemas del autor, entre los cuales se encontraba el misterioso poema... y tomé una foto. 

Hoy, recién acabada la carrera, he recordado de nuevo esos versos epifánicos de Luis Antonio de Villena y he decidido compartirlos en la que va a ser la primera entrada de mi blog, con la intención de recordar que si todo va mal, si al final todo es duro, como Verlaine, es necesario saber ser el rey -o la reina- de un palacio de invierno. 

Gamusina